maria mazzarello


María D. Mazzarello nació el 9 de mayo de 1837 en Mornese (norte de Italia). Era una chica alegre, sencilla, amable y fuerte a la vez, entusiasta y muy trabajadora. Además de ayudar a su madre en las tareas de casa y a cuidar de sus hermanos (era la mayor de 9), trabajaba con su padre en la viña y tenía tiempo para ayudar a otras familias del pueblo, ser catequista de su parroquia y hacer grupos festivos con las niñas y jóvenes de su pueblo. Se abrió a la fe acompañada por sus padres y por su sabio director espiritual don Domingo Pestarino.
Con 15 años se inscribió en la Asociación de las Hijas de Mª Inmaculada y se abrió al apostolado de las chicas del pueblo. La grave enfermedad del tifus contraída a los 23 años tuvo en ella una fuerte resonancia espiritual: la experiencia de la fragilidad física, que por una parte la llevó a un abandono más profundo en Dios, y por otra la impulsó a abrir un taller de costura para enseñar a las muchachas el trabajo, la oración y el amor a Dios. María, todavía convaleciente de la enfermedad, tuvo la visión de un colegio con numerosas niñas y jóvenes y oyó una voz que le decía: “A ti te las confío”. Fue María que le encomendaba la misión.
María Dominga Mazzarello o más conocida como Madre Mazzarello 14 de mayo de 1881), fue una religiosa italiana con la cual Don Bosco fundó el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, conocidas también como salesianas. Madre Mazzarello, como es más conocida dentro del mundo salesiano, fue su primera Superiora General desde el 29 de marzo de 1872 hasta su prematura muerte en 1881. Su gran sencillez y su vida consagrada a la formación de la versión femenina del sistema preventivo de Don Bosco, le abrieron las puertas a la santidad, reconocida por la Iglesia católica en 1951. La fundación de las salesianas fue una respuesta pastoral de Don Bosco a la necesidad de muchas jóvenes obreras o necesitadas que vivían las consecuencias de la revolución industrial en el Piamonte del siglo XIX y a lo cual Madre Mazzarello se dedicó con notable empeño

La visión de Don Bosco
Entretanto, Don Bosco estaba desarrollando su apostolado entre los muchachos de Turín, una ciudad que era objeto de la revolución industrial, sobre todo durante la segunda mitad del siglo XIX, mientras la Península Itálica caminaba hacia su unificación como República. La situación causaba que muchos jóvenes campesinos llegaran a la ciudad en búsqueda de trabajo, y si no terminaban contratados en las fábricas en condiciones laborales difíciles, acababan en las calles. Hasta entonces Don Bosco se había dedicado a abrir un espacio de atención y educación para los muchachos, pero no había hecho un proyecto específico para las muchachas. En 1846 había rechazado una propuesta de la Marquesa de Barolo que le pedía abandonar los muchachos para que atendiera a las niñas huérfanas de su Refugio.
Fue el Papa Pío IX el primero en sugerirle a Don Bosco la fundación de un instituto femenino que "hiciera por las muchachas lo que los salesianos hacen en favor de los muchachos".1 El comentario del Papa fue bien pronto complementado por un sueño de Don Bosco en el que veía a una multitud de niñas junto a la colina de Borgo Alto que le pedían que se preocupara también por su educación: "¿Es que las niñas no tenemos también un alma que salvar, como la tienen los muchachos? le recriminaban. Entonces también se le apareció en el sueño María Auxiliadora, quien le dijo: "Te confío a estas jóvenes, ellas también son mis hijas". Años más tarde, en ese lugar se construiría la primera casa de las Hijas de María Auxiliadora.

María Dominga y sus compañeras irían a experimentar las primeras pruebas a su compromiso. Al igual que los primeros muchachos que se hicieron salesianos con Don Bosco y muchos de los cuales no habían tenido la intención de ser religiosos, el grupo de María Dominga, de gran devoción y caridad, tampoco tenían en la mente el de ser hermanas. Por otra parte, en Borgo Alto (Mornés) se estaba construyendo un colegio para varones con la ayuda de la gente del lugar, pero tanto lo de ser hermanas como lo que sería el colegio, quedaría en manos de Don Bosco.
Cuando el padre Pestarino les comunicó a las jóvenes la intención de Don Bosco de fundar un instituto religioso con ellas, María Dominga no sólo se mostró feliz con la idea, sino que ayudó a persuadir a sus compañeras. A partir de 1869 Don Bosco comienza a moldear el Instituto con reglamentos y cartas.
El 23 de mayo de 1872 el primer grupo de hermanas fue enviado por Don Bosco al recién terminado Colegio de Borgo Alto, pero dicho acto fue visto mal por la comunidad que esperaba que el colegio fuera masculino y que Don Bosco enviaría salesianos.
El 5 de agosto de 1872 el padre Pestarino reunió a las Hijas de María Inmaculada para elegir la primera superiora y once jóvenes hacen los votos religiosos. No fue sencillo elegir a la superiora y María Dominga ni lo pensaba, pero era precisamente en ella en la que Don Bosco tenía su intención. Aceptó ser la Vicaria y por fin en 1874 llegó a ser la primera Madre General, aunque continúo a decir que era la Vicaria porque la superiora era María Auxiliadora. Desde entonces María Dominga sería conocida en la historia y en el mundo salesiano como Madre Mazzarello.
El 8 de septiembre de 1877, recibe una carta de Don Bosco para que las salesianas participen en las misiones en América. Son elegidas seis salesianas y Madre Mazzarello decide acompañarlas hasta Roma. Allí, el papa Pío IX, las recibió en audiencia privada.
En la historia salesiana suele resaltarse la carencia de estudios de Madre Mazzarello y, aunque ello es cierto, Don Bosco fue sin duda un visionario y ella una mujer que demostraría bien pronto como superiora del nuevo Instituto la sabiduría pragmática del campesino unida a su carácter decidido y al evidente conocimiento y práctica de los valores cristianos. De Madre Mazzarello se conservan sus cartas, anécdotas e innumerables pensamientos dichos a las primeras hermanas que serían celosamente conservadas por la tradición salesiana y que contribuirían a conocer la personalidad de la piedra angular del Instituto de Hijas de María Auxiliadora.
A partir de 1880 Madre Mazzarello comienza a declinar en su salud. Bien pronto le detectan pleuritis y desea ir a Nizza Monferrato, en donde se había transferido la Casa General, porque quería morir entre las hermanas. Antes de despedirse de Don Bosco definitivamente, el santo le cuenta una historia en la que la Muerte entra a un convento y al no encontrar a nadie a quien llevarse, le dice a la Madre Superiora que la siga. De esta manera le predecía su muerte.
El 28 de marzo llega a Nizza Monferrato en donde su salud comienza a agravarse y cae definitivamente en cama. Al alba del sábado 14 de mayo, Madre Mazzarello muere. Tenía tan sólo 44 años y las salesianas eran entonces 200 en 27 casas en Italia, Francia, Argentina y Uruguay. Sus restos se veneran en la Basílica María Auxiliadora de Turín.
Proceso de canonización 23 de junio 1911
El 23 de junio de 1911 comenzó el proceso de beatificación y canonización de Madre Mazzarello. El 3 de mayo de 1936 el Papa Pío XI la declara Venerable y le confiere el título de "Cofundadora del Instituto de María Auxiliadora".6 El mismo Pontífice la declara Beata el 20 de noviembre de 1938. Por fin el 24 de junio de 1951 la Iglesia católica bajo el Pontificado de Pío XII declara Santa a Madre Mazzarello como Santa María Mazzarello.
El Padre Pestarino observó que en María Mazzarello y sus amigas, aunque no eran instruidas, sin embargo, había gran caridad para con los necesitados y un enorme amor a Dios y fuertes deseos de conseguir la santidad. Y entonces las reunió en una Asociación Juvenil que se llamó "De María Inmaculada". El mismo las confesaba, les daba instrucción religiosa y las defendía contra los que querían destruirles su obra de apostolado. Viajando en el tren se encontró el Padre Pestarino con San Juan Bosco. El Sumo Pontífice le había dicho a Don Bosco "¿Por qué no funda una Comunidad de mujeres para que se dedique a hacer en favor de las muchachas lo que Ud. y sus salesianos hacen en favor de los muchachos?". Eso le quedó zumbando en los oídos al gran santo. En esto estaba pensando cuando Dios vino a hablarle por medio de un sueño misterioso. Vio el santo en sueños que muchas niñas pobres salían a su encuentro suplicándole con insistencia y diciéndole: "¿Por qué no se preocupa también de nuestra educación? ¿Es que las niñas no tenemos también un alma que salvar, como la tienen los muchachos?".
El Padre Pestarino observó que en María Mazzarello y sus amigas, aunque no eran instruidas, sin embargo, había gran caridad para con los necesitados y un enorme amor a Dios y fuertes deseos de conseguir la santidad. Y entonces las reunió en una Asociación Juvenil que se llamó "De María Inmaculada". El mismo las confesaba, les daba instrucción religiosa y las defendía contra los que querían destruirles su obra de apostolado. Viajando en el tren se encontró el Padre Pestarino con San Juan Bosco. El Sumo Pontífice le había dicho a Don Bosco "¿Por qué no funda una Comunidad de mujeres para que se dedique a hacer en favor de las muchachas lo que Ud. y sus salesianos hacen en favor de los muchachos?". Eso le quedó zumbando en los oídos al gran santo. En esto estaba pensando cuando Dios vino a hablarle por medio de un sueño misterioso. Vio el santo en sueños que muchas niñas pobres salían a su encuentro suplicándole con insistencia y diciéndole: "¿Por qué no se preocupa también de nuestra educación? ¿Es que las niñas no tenemos también un alma que salvar, como la tienen los muchachos?".
Meditando estaba Don Bosco en todo esto cuando se encontró en el tren con el Padre Pestarino, el cual le contó que en su pueblo de Mornese tenía un grupo de muchachas muy fervorosas, las cuales estaban haciendo respecto a las niñas, lo mismo que él estaba haciendo en Turín por los muchachos. Y lo invitó a que fuera a encargarse de dirigirlas. Al santo le pareció formidable la idea, y anunció que pronto iría a visitar aquella bella obra. En la vida de Mazzarello hay una fecha que jamás podrá olvidar, porque marcó para siempre el rumbo de su vida. Es el 7 de octubre de 1864, el día en que San Juan Bosco fue por primera vez a Mornese. Aquella fue una fecha emocionante e inolvidable. Todo el pueblo salió recibir al santo y a sus jóvenes alumnos que con una alegre banda musical venían a visitarlos. En bellísimo caballo blanco entró Don Bosco por las calles de la población, adornadas con flores y banderas. Los hombres habían ido a varios kilómetros de distancia a encontrarlo, y las mujeres y los niños llenaban las calles y gritaban vivas y aplaudían. Todos estaban convencidos de que era un hombre de Dios, un gran santo. Y además era extraordinariamente amable y alegre, y amigo de los niños y de los pobres. Mazzarello no había visto nunca a Don Bosco, pero esa noche, apenas le oyó su primer sermón quedó encantada y llena de admiración.
Y en esos días siempre que el santo hablaba, ella se colocaba en las primeras filas para oírle mejor y no perderle palabra alguna. A sus compañeras que la reprendían por meterse allá entre ese montón de hombres, a escucharle, ella les decía: "Es que mi corazón me dice que es un santo, y a los santos no se les puede perder palabra". La amistad con Don Bosco hizo crecer a pasos agigantados en santidad a la muchacha de Mornese. Don Bosco constató que aquellas muchachas que dirigía el Padre Pestarino eran excelentes candidatas para ser religiosas, y con ellas fundó la Comunidad de Hijas de María Auxiliadora, o salesianas, que hoy en día son más de 16,000 en 75 países, y su Congregación es la segunda en número en todo el mundo. El santo fue a comunicarle la bella noticia al Santo Padre el Papa Pío IX, el cual la aprobó con gran alegría y así el 5 de agosto de 1857 nació oficialmente esta gran congregación religiosa a la cual Don Bosco la declaró "Un Monumento de gratitud a María Auxiliadora". Como Superiora de la nueva Comunidad fue elegida por unanimidad María Mazzarello, y aunque ella se negaba a aceptar, diciendo que era una mujer muy ignorante, sin embargo, San Juan Bosco respondió: "Dios le ha dado unas excelentes cualidades para ser superiora, y muy bien se merece este cargo". Y tuvo que aceptar, y fue Superiora General hasta su muerte y obtuvo resultados asombrosos, por su fe y su humildad. María Mazzarello apenas medio sabía leer y escribir.
Y siendo Superiora General se dedicó a hacer cuarto de primaria entre las niñas pequeñitas, cuando ella ya tenía 34 años. Era un ejemplo que impresionaba mucho. Era el año 1881. Madre Mazzarello ya llevaba 10 años de Superiora, con gran satisfacción de todas sus súbditas, y gozaba de buena salud. Pero un día le ofreció a Dios su vida, por la salvación de una muchacha que estaba en peligro de perder la fe, y Dios tiene buenos oídos para escuchar estos ofrecimientos y aceptó la propuesta. Y le vino la terrible enfermedad de la pleuresía (inflamación de las membranas que cubren el pulmón). Sabiendo que a San Juan Bosco le había concedido Dios el don de conocer el futuro, le preguntó si ella se curaría de esa enfermedad y el santo le respondió de una manera muy extraña. Le dijo así: "Le voy a contar una parábola. Un día llegó la muerte a una casa de religiosas y le dijo a la portera: '¡Venga conmigo a la eternidad!'. Pero la portera le respondió: 'Tengo mucho oficio en la portería y no me puedo alejar de aquí'. Entonces pasó la muerte a la cocina y le dijo a la hermana cocinera: '¡Venga conmigo a la eternidad!'. Pero la hermana cocinera le dijo: 'Tengo tanto que cocinar'. ¡No puedo acompañarla!'. Y la muerte fue donde la Superiora y le dijo: 'Ud. tiene que dar al demás ejemplo de obediencia. ¡Venga conmigo a la eternidad!'. Y la superiora, para dar ejemplo, se fue a la eternidad con la muerte".
Madre Mazzarello entendió lo que le decía el santo, inclinó la cabeza y aceptó tener que morirse tan joven. Y en plena vida, a los 44 años, el 14 de mayo de 1881, después de cantar un himno a la virgen Santísima, expiró santamente. Sus tres grandes amores fueron la Eucaristía, María Auxiliadora y la juventud pobre para educarla y salvarla.
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